CANÍBAL TEATRO

CANÍBAL TEATRO

Somos predadores rituales por naturaleza. Nos alimentamos de esencias propias de otros individuos, de cerebros ajenos, de sensibilidades intrusas, de labios extraños, de clítoris exóticos, de sueños que nos vienen como médulas para seguir viviendo desde otros confines. Ya en Atapuerca se practicaba un canibalismo ritual. Los cariba o caniba encontrados por Colón en su primer viaje a la Hispaniola lo sabían bien. También los guaraníes, los indios amazónicos, los aztecas, los pigmeos, los nativos de Nueva Guinea… El doctor Hannibal Lector habita entre nosotros.

Goya, en la Quinta del Sordo, decoró el comedor y el salón con la imagen de Saturno devorando a sus hijos, aquel  dios mitológico, en realidad Cronos -identificado por los romanos con Saturno-, quien, temeroso de ser destronado por sus descendientes, devoraba a los hijos que daba a luz su esposa Era. Los hijos se los puede usted comer partiéndolos en seis pedazos: cabeza, tronco, brazos, pelvis, muslos, piernas, incluyendo, claro está, manos y pies. Puede incluso partirlos en ocho pedazos, ya que les gustará sacar el hueso redondo de las rodillas recubierto de carne roja.

Pero, si lo prefiere, se puede comer a la persona entera. A mordiscos lentos.  Si se harta, lo puede guardar en el frigo para seguir en el desayuno.  Pruebe los ojos. Verá qué bocata di cardenale.

¡Cuántas veces su madre, que tanto lo adora y lo ha adorado, le ha dicho: te voy a comer, hijo!  Y no les falta razón en muchas ocasiones, y cómo nos gustaría. El caníbal es un defensor de sí mismo, es un defensor de la especie, sólo come a quien ama.  La belleza será comestible o no será, dijo Dalí.

Mi teatro es comida social. De todo el cuerpo social se alimenta y vuelve sobre sí una y otra vez, mordisqueando su esencia, sus médulas, sus ojos, sus tímpanos, sus estómagos sociales, sus hígados que devuelven la condición de la sociedad. ¿Nos nos estamos comiendo el cuerpo espiritual con el pan y la sangre de Cristo? ¿No es esto canibalismo ritual?

Mi teatro toma conciencia de la realidad apretando las mandíbulas, aprisionando a su presa, deglutiéndola, saboreándola: es el mayor refinamiento teatral. Y mi teatro tiene el refinamiento de la sangre y la conformación del espíritu hecho sanguinario.  La espiritualidad es comestible. Es una bacanal mágica en la que todos somos devorados por todos. Y el escritor-carnicero con el cuchillo-pluma en la mano. El cuerpo social, macizo, indeleble, debe ser devorado, debe ser fragmentado, consumido. La filosofía de la historia se mantiene sobre este principio sistemático de devoradores endémicos que solo tienen la posibilidad de seguir siendo en los otros.

Te comerás a tu prójimo como a ti mismo. Bien sea tu amigo o tu enemigo. Ya lo dijo Freud en Tótem y tabú. Queremos ser caníbales culturales, caníbales afectivos, caníbales enamorados de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea. Sólo podemos seguir siendo devorando el cuerpo social, la sangre y el pan que nos ofrece este día a día que tanto afirma nuestra propia realidad y existencia. Hay que hundir la nariz en la carne fresca social, en la carne anciana social, en los entresijos de las médulas. A través de esta ingesta atroz nuestro teatro nos distanciará de nuestras víctimas, nuestro drama se hará más clarificador, más emocional, más divertido, llegando al éxtasis sublime de la inmediatez sádica. Juego de sublimación. Juego teatral.

Wítember, 2007

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